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Porqué la Vivienda y Demás Componentes del Entorno Urbano y del Desarrollo Territorial Sí Son Parte del Medio Ambiente
Por: Germán García Durán
Presidente Ejecutivo
Fundación Río Urbano

Sabemos de antemano que esta columna va a suscitar controversia. La reforma institucional colombiana de hace cuatro años fusionó los ministerios de medio ambiente y desarrollo económico y añadió a este nuevo megaministerio los aspectos relacionados con el desarrollo territorial que estaban previamente adscritos al ministerio del interior, dando como resultado un ministerio que tiene a su cargo no solamente los asuntos ambientales que contempló la Ley 99 de 1993, sino los de vivienda, desarrollo territorial, suministro de agua potable y recolección y disposición de aguas residuales.
Así las cosas, se dio al nuevo ministerio el largo e inconveniente nombre de “Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial”, que es generosamente abreviado con la sigla MAVDT.

Las razones para la fusión, que se argumentaron en 2003, fueron similares a las que se dieron para la aplicación del mismo procedimiento a otros ministerios colombianos: se necesitaba reducir los costos de sostenimiento y operación y a la vez incrementar la eficiencia y eficacia del Estado. El nuevo ministerio inició actividades a través de dos viceministerios: el de Medio Ambiente y el de Vivienda y Desarrollo Territorial, y conservó la Unidad Especial de Parques Nacionales Naturales, encargada del manejo de estos ecosistemas colombianos que son únicos en el mundo por su biodiversidad y su espectacular belleza. Conservó además la tutela sobre los institutos de investigación, que se han destacado por sus niveles de excelencia y por el mayor conocimiento que han aportado sobre los ecosistemas de Colombia, lo cual contribuye a su mejor manejo y conservación.

Las críticas a la fusión a nivel ministerial de los asuntos concernientes a la vivienda y al medio ambiente no se hicieron esperar, pues en corto tiempo se vio que el mayor interés del gobierno no era propiamente la protección del medio ambiente sino la provisión de vivienda de interés social en cantidad y calidad aceptables para satisfacer la creciente demanda de la población colombiana. Además, la adición del Viceministerio del Agua unos años después fue vista como una disección del medio ambiente, cirugía discutible pues el ambiente debería ser manejado de manera integral.

Otra crítica usual y por lo general bien sustentada ha sido que el Ministerio del Medio Ambiente, que fue creado en 1993, quedó relegado diez años después a la categoría de viceministerio, con mucho menos poder y presupuesto en términos reales que la entidad antecesora, el Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente (INDERENA) que operó desde 1968 hasta 1993.

Si bien compartimos muchas de las anteriores críticas, lo hacemos más por el procedimiento utilizado para la fusión y por la manera fragmentada como ha operado el nuevo ente, que por las razones filosóficas que están detrás del reconocimiento de la vivienda y demás elementos del ambiente urbano como partes constitutivas del medio ambiente, y del buen manejo del agua y el desarrollo territorial sostenible como aspectos que contribuyen sin duda a la conservación ambiental.

Nos explicamos: desde el surgimiento de los movimientos ambientalistas en la década de los 70 se definió el medio ambiente de manera integral, incluyendo en él no solamente el medio natural, sino también a los seres humanos y el medio construido por éstos. Dentro de este enfoque, el filósofo Ignacy Sachs dividió el medio ambiente en el natural y el construido o humano, abarcando de esta manera todo lo que existe en nuestro planeta tierra.

No debería entonces parecer extraño que un Ministerio del Medio Ambiente incluya la vivienda y su entorno y el desarrollo territorial en adición a los aspectos relacionados con el medio natural, elementos todos que integran el MAVDT como lo conocemos hoy.

¿Qué estuvo mal entonces?

En primer lugar, no se ha debido cambiar el nombre que fue adoptado para el ministerio en 1993: Ministerio del Medio Ambiente. El añadirle otros elementos, que como lo hemos señalado, son parte del medio ambiente, ya sea del natural o del construido, no justificaba un cambio de nombre. El nombre actual crea confusión y refuerza la impresión de que el medio ambiente ha sido fraccionado en varias partes o que partes ajenas al ambiente han sido añadidas sin ton ni son a la entidad.

De otro lado, la forma como se dividió originalmente el megaministerio en dos viceministerios, el de medio ambiente y el de vivienda y desarrollo territorial, no fue la más afortunada, aunque hay que reconocer que es coherente con el nombre que se dio al ministerio. Al acogerse la idea de retornar al nombre original de Ministerio del Medio Ambiente, estos dos viceministerios deberían ser el del Ambiente Natural y el del Ambiente Humano. En esta forma estaríamos siguiendo el modelo de Ignacy Sachs.

El cambio sugerido no sería únicamente de nombre, sino estructural. Cada uno de estos dos viceministerios tendría que ser fortalecido y se impondría un reordenamiento de sus funciones. Por ejemplo, el nuevo Viceministerio del Ambiente Humano tendría entre sus dependencias no solamente la vivienda y el desarrollo territorial sostenible, sino posiblemente el análisis del impacto ambiental de megaproyectos (se entiende que este análisis, para proyectos de menor magnitud, continuaría a cargo de las Corporaciones Autónomas Regionales).

Es importante resaltar que cuando se habla de desarrollo territorial se debe tomar en cuenta que éste debe ser sostenible, como lo señalan los preceptos de la Conferencia de Río de Janeiro sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo y como lo sostiene la Comisión de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (CDS). Por ello, esta dependencia, dentro de un Viceministerio del Ambiente Humano, no solamente debe cambiar de nombre sino de actitud y enfoque.

Por otra parte, el Viceministerio del Ambiente Natural conservaría todas las dependencias que actualmente están bajo la jurisdicción del Viceministerio del Medio Ambiente, excepto tal vez el análisis del impacto ambiental de megaproyectos, que podría pasar al Viceministerio del Ambiente Humano, como ya se dijo, pero ello exigiría que se mantenga una estrecha coordinación entre estos dos viceministerios propuestos. Esto señalaría hacia un manejo integral del ambiente, como lo piden los ambientalistas.

En cuanto al Viceministerio del Agua, no compartimos las críticas que se hicieron a su creación, pues es tal la importancia del agua en Colombia y son tan críticos para la población humana su suministro en buena cantidad y calidad y la recolección y adecuada disposición de residuos líquidos, que el tema sin duda es transversal no solamente a los otros dos viceministerios actuales, sino a los dos sustitutivos que proponemos crear. No sería pues conveniente encasillar este tema en uno de los otros dos viceministerios sino mantenerle su actual carácter, eso sí, en estrecha coordinación con aquellos.

Una y otra vez hemos hablado en este editorial de coordinación. Pensamos que al interior de una institución es más sencillo hacerla que cuando se trata de una coordinación interinstitucional. El ministro Juan Lozano Ramírez ha demostrado gran interés en promover la estrecha coordinación de todas las dependencias del ministerio y ha reconocido además en múltiples ocasiones que la vivienda y demás elementos del ambiente urbano y rural son parte del medio ambiente y que el ser humano tiene derecho a una vida digna y de calidad y que la mejor manera de proporcionársela es a través de una vivienda de interés social adecuada, unos servicios públicos eficientes y un entorno que sea sano y amable y facilite la recreación y demás actividades a corta distancia de la vivienda.

Las condiciones están entonces dadas para que exista la coordinación que proponemos, que estaría en cabeza del Ministro del Medio Ambiente, y para que los colombianos aceptemos que la vivienda y demás elementos del entorno urbano y del desarrollo territorial sostenible son parte del medio ambiente. Solamente faltaría aplicar al MAVDT los ajustes estructurales que proponemos para que no quede duda sobre estas materias y el ministerio merezca mayor acogida y credibilidad dentro la comunidad ambientalista colombiana y en general al interior de toda la población.

Pretendíamos en este editorial simplemente demostrar una premisa y terminamos presentando una propuesta de reforma, porque no se podía hacer lo uno sin lo otro. Nuestra organización, la Fundación Río Urbano, es anterior a la fusión ministerial colombiana del 2003 y desde su creación ha manejado los temas ambientales y urbanos en conjunto, sin condicionar este enfoque a la manera como el Estado los maneja. Nosotros creemos, con sobradas razones, que los seres humanos son parte del medio ambiente y que la vivienda y demás elementos urbanos son el entorno inmediato de éstos, por lo cual son parte inseparable del medio ambiente. Igualmente, reconocemos la importancia del agua no solamente para el medio natural sino para los seres humanos y para los ambientes urbanos y rurales. Finalmente, creemos firmemente que el desarrollo territorial sostenible es imperativo para Colombia.

Nuestras propuestas son entonces plenamente coherentes con la filosofía de nuestra institución, pero estaremos atentos a todos los comentarios que puedan surgir. Los lectores pueden hacerlos a través de la sección “Contáctenos” cuyo vínculo encontrarán en la parte inferior derecha de esta página, o pueden enviarlos al e-mail Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla con la seguridad que les daremos respuesta.

 

 
 
 
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