|

Causa espanto observar el estado deplorable en que se encuentran los humedales, quebradas y pequeños ríos del área de Bogotá, ciudad que planea invertir del orden de dos mil millones de dólares en la gigantesca tarea de recuperar el Río Bogotá pero que poco se ha ocupado de la restauración y conservación de las pequeñas fuentes que se desprenden de los cerros orientales y de los humedales que se ubican en distintos puntos de la ciudad.
Parece un contrasentido que se acometa primero la tarea más difícil y costosa, cual es la recuperación del Río Bogotá, y se deje de lado la restauración de las pequeñas fuentes hídricas urbanas que están en contacto más directo con la población y dado su lamentable estado ambiental son transmisoras de enfermedades mortales para la población, en particular los infantes. La hepatitis infecciosa, la fiebre tifoidea, la fiebre paratifoidea, la gastroenteritis y la desintería son graves enfermedades responsables de alta morbilidad y mortalidad, especialmente entre la población infantil. Además, estas pequeñas fuentes y humedales son parte del entorno paisajístico de la ciudad, que merece ser restaurado y conservado como lo han sido numerosos parques y avenidas. El Río Bogotá puede ser considerado como el “río del pueblo” –cercano y a la vez alejado de la mayor parte del área urbana– pero los pequeños ríos, quebradas y humedales son las “aguas del barrio” –guardando estrecho contacto con la gente– lo cual las hace prioritarias al contemplarse un plan de saneamiento. Pequeños ríos como el Salitre, el Fucha y el Tunjuelo –que no son tan pequeños– y otros realmente pequeños, como el Arzobispo, Molinos y Contador, son una verdadera vergüenza, lo mismo que los humedales de Córdoba, Juan Amarillo, La Conejera y Torca, por mencionar sólo unas pocas de las innumerables fuentes contaminadas que corren o se ubican junto a las calles de los barrios de nuestra ciudad capital. Su limpieza tiene carácter de URGENCIA y no da espera, por lo cual debe acometerse con prontitud. ¿Qué ha llevado a esta situación tan deplorable?. De un lado, el carácter combinado de buena parte del alcantarillado de Bogotá, cuestión que resulta en el vertimiento de aguas negras a los ríos, quebradas y humedales a través de los aliviaderos, de otra parte las conexiones erradas –mejor llamadas piratas, pues lo son– a través de las cuales se arrojan aguas residuales de edificaciones y complejos urbanísticos al alcantarillado pluvial –donde lo hay– que a su vez las lleva a las quebradas, pequeños ríos y humedales. Adicionalmente, el vertimiento directo de escombros y basuras a estos cuerpos de agua y el arrastre de desechos desde las calles de la ciudad complica las cosas, convirtiendo dichas fuentes en verdaderas alcantarillas abiertas que atentan contra la salud de la ciudad. La solución, es claro, no requiere del complejo y costoso tratamiento de aguas residuales. Simplemente se necesita contar con un sistema de alcantarillado bien concebido, construido y manejado, ejercer control de vertimientos e inspirar el fortalecimiento de la cultura ciudadana. Pero no existe un plan para ejecutar lo anterior, como sí existe para recuperar el Río Bogotá, cuestión mucho más difícil y onerosa. Pensamos, en conclusión, que los pequeños ríos, quebradas y humedales deben estar primero que todo. En otras palabras, deben ser recuperados antes que el Río Bogotá, lo cual, además de aliviar a la población de un problema sanitario descomunal que se desarrolla frente a sus casas, sería muestra de que las autoridades sí están preparadas para avanzar en la recuperación del Río Bogotá. El asunto tiene lógica: primero recuperemos lo que es más fácil, después, con esta experiencia ganada, metámonos en el problema más complejo, sin descartar que los dos planes se adelanten simultáneamente, aunque siempre con mayor avanzada en la recuperación de las pequeñas fuentes. La comunidad sabrá apreciar la restauración ambiental y paisajística de los pequeños ríos, quebradas y humedales y apoyará con mayor empeño el plan, también necesario, para la recuperación del Río Bogotá. En atención a lo anterior, el Capítulo de Ingenieros Civiles y Ambientales (IcaAndes) de la Asociación de Egresados de la Universidad de los Andes (Uniandinos) con el concurso del Capítulo de Biología (BioAndes) de la misma Asociación, y de la Fundación Río Urbano en su carácter de GUARDAGUAS DEL RÍO BOGOTÁ dentro de la Alianza GUARDAGUAS Internacional (Waterkeeper Alliance) organiza para el 27 de noviembre de 2008 el Foro "Qué Hacer para Recuperar los Humedales, Pequeños Ríos y Quebradas de Bogotá", al cual se está invitando a expertos conferencistas, a las principales entidades públicas y privadas que tienen que ver con el tema, y a la ciudadanía en general. El evento se desarrollará de 8 am a 7 pm en las instalaciones de Uniandinos en Bogotá, Calle 92 N° 16-11. (Foto: Río Molinos, Fundación Río Urbano) |